El sueño del premio gordo – una perspectiva medieval Ya en la Edad Media, la vida era una ardua combinación de agricultura, peste y un miedo constante a que el vecino te denunciara por brujería solo porque llevabas tres días sin diarrea. En aquella época sombría, donde los dientes eran un lujo y bañarse una vez al año ya se consideraba un estilo de vida excesivo, existía un sueño inconfesable que ardía en el corazón de cada campesino: el gran premio de la lotería – aunque nadie supiera exactamente qué era la «lotería».
En aquella época, la gran fortuna solía ser: heredar por fin a la rica tía Gertrudis (con solo un ligero toque de locura), impresionar accidentalmente al rey en un torneo de caballeros y ser nombrado barón o –la cumbre de los logros– casarse con una doncella noble que, lamentablemente, era ciega, sorda y estaba desesperada.
«¡Si el buen Dios me enviara una herencia!», murmuraba el humilde herrero Bertoldo cada mañana en su potaje de lentejas, mientras su esposa Matilde lo miraba con el ceño fruncido –porque ella hacía tiempo que tenía sus propios planes: apostaba por su marido como premio gordo.
El marido como boleto de lotería medieval
Matilde no soñaba con la herencia de una tía excéntrica –no, ella esperaba que un día Bertoldo, al cavar, tropezara accidentalmente con un cofre del tesoro enterrado. O quizás de repente fuera noble –¡un bebé cambiado, una carta secreta, una profecía sagrada, cualquier cosa! Lo importante era que nunca más tendría que regatear huevos podridos con la campesina Cunegunda.
Cada vez que un mensajero itinerante pasaba por el pueblo, ella preguntaba esperanzada: «¿Ya se ha sabido algo del tesoro de mi marido?». – «¿Qué tesoro?», preguntó el mensajero confundido. «¡Pues, cualquiera!».
Riqueza por la fama, el rescate o el comercio de nabos
Bertoldo lo intentó un tiempo con poemas. «Quizá me haga trovador», dijo una tarde, mientras con las manos tiznadas componía una «Oda al pozo negro». Matilde, en cambio, era más bien del tipo práctico: «Será mejor que vuelvas a mirar si no hay un cofre enterrado debajo de la letrina».
Más tarde, probó suerte con un comercio arriesgado de nabos, que lamentablemente terminó con ellos poseyendo 37 kilos de colinabos, pero ni un solo penique de plata. A pesar de ello, Matilde seguía creyendo en su billete de lotería personal en forma humana. «El Señor tiene un plan», decía a menudo. «Solo espero que incluya un techo que no gotee constantemente».
Aun sin boleto de lotería, el sueño seguía vivo
Ya fuera el marido de oro, los parientes que surgían de la nada de Lombardía o un hallazgo milagroso en el granero, el ser humano medieval era asombrosamente moderno en su esperanza: algún día funcionará. ¿Y hasta entonces? Seguir soñando, seguir cavando –y esperar que, al menos, la próxima lluvia golpee más fuerte el corral del vecino que el propio.
Porque, ¿quién necesita números de lotería cuando tienes a Bertoldo?
El COFRE DEL TESORO enterrado y los Caballeros de la Fortuna - Reese & Ërnst
En el flamante episodio «El COFRE DEL TESORO enterrado y los Caballeros de la Fortuna de Reese & Ërnst», todo gira en torno al gran dinero –o, al menos, sobre el intento desesperado de encontrarlo en algún lugar del barro. Entre palas oxidadas, una nobleza aún más oxidada y un montón de ideas descabelladas, se vuelve a cavar, a soñar y a fracasar estrepitosamente. Quien quiera saber si esta vez se encuentra realmente un tesoro (Spoiler: quizás), debería echar un vistazo –¡haz clic ahora y emociónate!
Author: Die Frau von Ërnst seinem Kumpel Heinz | 17.05.2025
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