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La niñita y la magia de los pequeños gestosUna bonita historia de Navidad que se contó en la Wichtelweihnacht de Burgwerben el 7 de diciembre de 2024.
Érase una vez una niña pequeña que creció en un hogar lleno de calidez y amor. Vivía con sus abuelos, quienes la cuidaban con todo su cariño. Especialmente la abuela, que años atrás había perdido a su hijo menor, le entregaba a la pequeña todo el amor que desbordaba en su corazón. Los dos tíos que vivían en la casa también se convirtieron para la niña en hermanos mayores que siempre la protegían. Su vida estaba llena de alegría, seguridad e incontables momentos inolvidables. Un día, incluso la bisabuela se mudó con ellos, pues la edad le dificultaba vivir sola. Trajo consigo sabiduría e historias de tiempos lejanos, que la niña a menudo escuchaba con los ojos brillantes. Juntos vivían como en un pequeño mundo mágico, marcado por el amor incondicional y la cordialidad. Para la niña, la época navideña siempre era el momento cumbre del año. En cuanto caían los primeros copos de nieve y el aroma de galletas recién horneadas llenaba la casa, todo a su alrededor parecía mágico. Con la bisabuela iba a la iglesia en Nochebuena para ver la representación del nacimiento. Cada vez se maravillaba con la luz de las velas, los cánticos de los coros y el ambiente solemne que llenaba el lugar. Pero una tarde, mientras regresaba a casa de la iglesia de la mano de su bisabuela, le hizo una pregunta que llevaba tiempo rondándole la cabeza. —Abuela, ¿por qué hay tanta gente en la iglesia en Navidad? Los domingos nunca hay tantos. La bisabuela se detuvo un momento, miró sonriendo al cielo, donde las estrellas titilaban, y dijo: —Sabes, hija mía, en Navidad la gente quiere mostrarle al buen Dios que son buenas personas. Le piden clemencia y piensan en lo que realmente importa. La niña frunció el ceño. —Pero abuela, ¿por qué están solo en Navidad? ¿Qué son los demás días? La bisabuela rió suavemente, negó con la cabeza y dijo con una sonrisa pícara: —Pues mira, mi pequeña, a veces son un poco hipócritas. La niña no comprendió del todo esas palabras, pero su ilusión infantil por los regalos bajo el árbol de Navidad disipó rápidamente sus preguntas. La Navidad era para ella una fiesta de asombro y felicidad, y así debía seguir siendo. Los años pasaron y la niña creció. La cariñosa educación de sus abuelos la marcó profundamente, y las sabidurías de la bisabuela permanecieron en su corazón. De ellos aprendió el respeto por los demás, especialmente por los mayores, y la fuerza de la compasión y la calidez. Se convirtió en una joven con un corazón tan grande como el cielo, llena de valor, ambición y un profundo amor por sus semejantes. Pero en su vida no todo fue sol. Un día, cuando tenía 25 años y lidiaba con preocupaciones, buscó consejo en su abuela. La anciana, que siempre tenía un sabio consejo y un oído atento, tomó las manos de su nieta entre las suyas y le dijo: —Mi pequeña, por muy difícil que a veces pueda ser la vida, nunca olvides que siempre hay un mañana. Y recuerda: si cada día regalas un poquito de felicidad, te volverá el doble. Esas palabras fueron el último regalo que su abuela le hizo. Poco después, cerró los ojos para siempre, y la joven quedó con su dolor, pero también con una nueva fuerza en la vida. Pasaron años hasta que comprendió verdaderamente el significado de las palabras de su abuela. En todos los encuentros de su vida —ya fuera con extraños, amigos o familiares—, comenzó a poner en práctica el consejo de su abuela. Regaló una sonrisa donde se necesitaba, una buena palabra donde reinaba el silencio y un poco de tiempo donde la soledad oprimía el corazón. Le tendió al cartero una taza de café caliente en los fríos días de invierno, le dio las gracias a la cajera estresada con una sonrisa amable y un «Sin apuros, tómese su tiempo». Felicitó a la camarera por la buena comida y escuchó con paciencia cuando alguien quería desahogar sus preocupaciones. Estos pequeños gestos se convirtieron en su regalo para el mundo. Y notó que obraban algo maravilloso: la gente devolvía la sonrisa, una chispa de calidez y esperanza regresaba a sus ojos. Era como si cada pizca de felicidad que regalaba regresara como un bumerán, doble y triple. Hoy estamos aquí, escuchando esta historia y siendo parte de ella. Porque todo lo que hoy veis y habéis vivido ha sido diseñado con amor, dedicación y el deseo de regalaros un poquito de alegría, exactamente como lo aprendió aquella niña. Y así, la niña de entonces, que ahora es una mujer llena de corazón y calidez, os desea solo una cosa: «Regalad un poquito de felicidad, y os volverá el doble.» Author: Die Frau vom Nikolaus | 12.12.2024 |
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