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Katja Kipping y el trabajo de memoria pendiente: cómo una política de izquierdas legitima retrospectivamente la política de COVID del gobierno federal - a pesar de los archivos del RKI y de las decisiones erróneas reveladas


Katja Kipping comparece ante la comisión de investigación del Bundestag y explica con toda tranquilidad: las medidas eran en realidad buenas, solo que no lo suficientemente sociales. ¿Confinamientos, obligación de mascarilla, cierre de escuelas? Todo era básicamente correcto – solo habría hecho falta más dinero y más colchones de protección.


Katja Kipping, nacida en 1978 en Dresde, es una destacada política de larga trayectoria del partido Die Linke. Fue diputada del Bundestag de 2005 a 2021, copresidenta del partido de 2012 a 2021 (junto con Bernd Riexinger), senadora de Asuntos Sociales en Berlín (2021–2023) y actualmente es directora general y jefa del departamento de política social y europea en el Paritätischer Wohlfahrtsverband. Como política social centrada en la pobreza, la infraestructura social y el trabajo de cuidados, se posiciona tradicionalmente en la izquierda.

En la comisión de investigación del Bundestag sobre la evaluación de la pandemia de COVID-19 el 11 de junio de 2026, compareció como experta y defendió un llamamiento a una mayor resiliencia en los sistemas sociales. Su mensaje central: aprender de la experiencia para gestionar mejor futuras crisis, con especial atención a la desigualdad social, las viviendas hacinadas, las excepciones en las medidas y los colchones en las prestaciones sociales y la dotación de personal.

Las declaraciones en la comisión de investigación (11/06/2026)

En el vídeo, Kipping destaca cinco “puntos clave”:
  • Los pobres como perdedores: Las personas con un estatus socioeconómico bajo habrían tenido un mayor riesgo de evolución grave (estrés → sistema inmunitario debilitado, viviendas hacinadas → mayor carga de contagio). Las medidas habrían protegido a los vulnerables y a los pobres, por lo que habrían sido importantes desde el punto de vista social. Al mismo tiempo, estos mismos grupos fueron los más afectados por la pérdida de ingresos y las consecuencias de los confinamientos.
  • Viviendas hacinadas y educación en casa: Los niños en condiciones de hacinamiento o en alojamientos para refugiados o personas sin hogar habrían estado en desventaja. Reivindicación: espacios públicos de aprendizaje (escuelas, bibliotecas) como amortiguadores.
  • Excepciones especiales a las restricciones de contacto: Para personas con discapacidad con asistencia, personas dependientes de cuidados, personas sin hogar y niños y jóvenes en instituciones.
  • Colchones financieros para prestaciones sociales e infraestructura: gastos adicionales (mascarillas, desinfección, tabletas) mientras al mismo tiempo se reducían ayudas esenciales (comedores escolares, bancos de alimentos).
  • Colchones de personal en instituciones sociales: los sistemas no deberían estar “ajustados al límite” para poder seguir funcionando en situaciones de crisis.
> Su mensaje central sigue siendo sistémico: las medidas eran fundamentalmente correctas y protectoras, solo habría que aplicarlas de forma más justa socialmente y más resiliente. Habla de una “dialéctica de la experiencia”, pero evita cualquier cuestionamiento fundamental de la política pandémica.

Las posiciones de Kipping durante la pandemia Durante la propia crisis (2020–2022), Kipping fue una clara defensora de medidas estrictas. Exigió un “confinamiento solidario” con aumentos de las prestaciones sociales, mayor subsidio por reducción de jornada, un impuesto sobre el patrimonio para los ricos y controles más estrictos en las empresas. Apoyó la estrategia de cero COVID y defendió la vacunación como un “deber de solidaridad social”. Criticó al gobierno principalmente por actuar con demasiada lentitud o por no ser lo suficientemente social, no por las restricciones de derechos fundamentales.

Citas de la época:
  • A favor de medidas más estrictas para mantener bajas las tasas de incidencia y evitar mutaciones.
  • «El gobierno dejó pasar el verano.» (crítica a una política demasiado laxa).
  • Apoyo a restricciones de salida y confinamientos, combinados con medidas de amortiguación social.

Comparación con los archivos del RKI y documentos filtrados o desclasificados judicialmente

Aquí el análisis de Kipping se vuelve frágil – y la crítica al gobierno urgente. Las actas del RKI (comité de crisis) y otros documentos muestran un panorama de pánico políticamente impulsado, falta de evidencia e ignorancia de dudas internas:
  • Mascarillas y obligación de FFP2: el RKI afirmó repetidamente que no existía “ninguna evidencia del uso de mascarillas FFP2 fuera del ámbito de la seguridad laboral”. Sin embargo, se impusieron obligaciones generales de mascarilla (incluidas FFP2) por decisión política. Kipping habla de medidas protectoras sin reconocer que instrumentos centrales carecían de una base científica sólida.
  • Confinamientos y consecuencias: las actas señalaron que los confinamientos tuvieron en algunos casos “consecuencias más graves que la propia COVID” (en un contexto de evaluación global, incluyendo África). El cierre de escuelas y las restricciones de contacto afectaron especialmente a grupos vulnerables (niños en viviendas hacinadas, personas en situación de pobreza) – exactamente la dialéctica que describe Kipping. Pero en lugar de verlo como un daño colateral de una política basada en la evidencia, los documentos apuntan a una navegación a ciegas: presión política sobre el RKI, falta de proporcionalidad e ignorancia de daños a largo plazo (psicológicos, educativos y económicos).
  • “Pandemia de los no vacunados” y presión vacunal: dudas internas sobre el relato y sobre la capacidad de transmisión tras la vacunación. Aun así, hubo una fuerte exclusión social. Kipping defendió la vacunación como solidaridad, sin posteriores matizaciones.
  • Desigualdad social: efectivamente, las personas más pobres y las que vivían en condiciones hacinadas asumieron mayores riesgos, también porque la política impuso medidas generales sin diferenciación precisa. Los archivos del RKI subrayan que muchas restricciones no se basaban en evidencia, sino en decisiones políticas. La demanda de Kipping de más colchones y excepciones parece razonable, pero oculta la cuestión central: ¿fueron las restricciones generalizadas de derechos fundamentales realmente proporcionales y necesarias?

    Evaluación crítica

    Kipping sigue siendo, en su intervención, una representante fiel del establishment socialdemócrata de izquierdas: no critica la gestión autoritaria y poco basada en evidencia del gobierno federal (bajo Merkel y luego Scholz/Lauterbach), sino que exige más Estado, más dinero y más colchones para precisamente el sistema que falló. La pandemia se reinterpreta como confirmación de la necesidad de un mayor Estado de bienestar, en lugar de como una lección sobre el fracaso estatal, la gestión del miedo, la censura y la división social.

    Los archivos del RKI revelan que el gobierno instrumentalizó la ciencia cuando le convenía e ignoró la evidencia cuando no. Las dudas internas del RKI no se hicieron transparentes. Se restringieron masivamente derechos fundamentales con una base científica en parte débil o inexistente. Niños, personas con problemas psicológicos, pequeñas empresas y sectores vulnerables de la sociedad pagaron el precio más alto, no principalmente por el virus, sino por las políticas aplicadas.

    El enfoque de Kipping en la resiliencia mediante más recursos es comprensible, pero insuficiente. Las verdaderas lecciones deberían ser: más transparencia, independencia de instituciones como el RKI, controles estrictos de proporcionalidad, ninguna restricción general de libertades sin datos sólidos, y el fin de la moralización y la división social. En su lugar, ofrece una crítica suave del sistema que exime a los verdaderos responsables.

    La comisión de investigación corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de autojustificación. Mientras voces como la de Kipping dominen – presentando las medidas como fundamentalmente correctas y limitándose a exigir ajustes sociales –, no habrá un verdadero proceso de rendición de cuentas. Alemania ha aprendido de la COVID, sobre todo, lo fácil que es sacrificar derechos fundamentales y políticas sin base suficiente bajo el pretexto de la “protección”. La respuesta no debería ser más burocracia y gasto público, sino más escepticismo frente al poder del Estado.

    Author: AI-Translation - АИИ  | 

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