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«¡Pura dictadura de los partidos!» – Joana Cotar revela: El Bundestag es un autoservicio para las élites donde los diputados votan como marionetas


La exdiputada de AfD Joana Cotar habla sin tapujos tras 8 años en el Bundestag: no hay democracia, sino disciplina de partido, «conversaciones de confesionario» y diputados desinformados que depositan tarjetas rojas sin saber siquiera sobre qué están votando. Un sistema que recompensa la lealtad y desprecia al pueblo, mientras miles de millones de euros de los contribuyentes fluyen hacia las arcas de los partidos. Quien aún crea que Berlín gobierna para nosotros está profundamente equivocado.


El Bundestag: una dictadura de los partidos

En una intervención sumamente polémica durante un acto conjunto organizado por dieBasis y BSW Lüchow-Dannenberg, Joana Cotar, exdiputada del Bundestag, realizó una evaluación demoledora de sus ocho años en el Parlamento. Su mensaje fue claro y contundente: Alemania no es una democracia real. En su lugar, reina una «pura dictadura de los partidos», en la que los diputados no están guiados por su conciencia, sino por la disciplina de grupo parlamentario. En este sistema, el pueblo ya no cuenta.

Cotar relató su ingenuidad inicial: «Cuando entré en el Bundestag en 2017, estaba firmemente convencida de que, si uno realmente quería hacer lo correcto y estaba convencido de ello, podía cambiar algo en el Parlamento». Sin embargo, después de medio año, afirma que comprendió la realidad: «El sistema funciona exactamente como fue diseñado, pero no para quienes lo pagan.»

Diputados desinformados y «votaciones asistidas»

Especialmente impactantes son los relatos de Cotar sobre la vida parlamentaria cotidiana. En las comisiones se evitan los debates reales. Las propuestas de la oposición terminan «cada vez» en la papelera, incluso cuando son buenas iniciativas. «Tres buenas propuestas, señora Cotar, partido equivocado, votaremos en contra», citó a una colega del SPD.

Aún más dramáticas serían las votaciones en el pleno. Cotar describe una auténtica «votación asistida»: los diputados siguen al secretario parlamentario de su grupo, que se sitúa al frente con la tarjeta correcta (roja para no, azul para sí). Durante las votaciones nominales, según ella, en la sala solo se oye «rojo o azul», pero no de qué trata realmente la votación. Muchos diputados, asegura, desconocen el contenido de las propuestas sometidas a votación.

Recordó la votación sobre el fondo de rescate del euro: incluso en una decisión tan histórica y costosa, la mayoría de los diputados no fue capaz de explicar en tres frases de qué se trataba cuando los periodistas les preguntaron. «En cualquier otra profesión, eso sería un escándalo», afirmó Cotar. «Si su arquitecto no conoce la legislación de construcción, entonces su arquitecto tiene un problema».

«Conversaciones de confesionario» y el fin de la carrera para los disidentes

Quien se aparta de la línea del partido lo arriesga todo. Cotar habló de las llamadas «conversaciones de confesionario», en las que los diputados serían sometidos a una fuerte presión. Según ella, la Unión CDU/CSU recurrió a este método durante el debate sobre el paquete de pensiones. Una colega del FDP que votó contra la Ley de Calefacción, el abandono de la energía nuclear y la Ley de Autodeterminación dejó posteriormente de figurar en las listas electorales. «Esas son las consecuencias cuando uno demuestra cierta independencia», comentó Cotar con tono seco.

A su juicio, el sistema no selecciona a los mejores, sino a los más dóciles: «Quien demuestra carácter y se atreve a criticar a su propio partido es considerado desleal.» Los soldados del partido no necesitarían una opinión propia, sino únicamente la tarjeta correcta y el instinto de guardar silencio.

El dinero de los contribuyentes como autoservicio

Cotar también cargó contra los privilegios financieros de los políticos. Los diputados reciben casi 12.000 euros mensuales de asignación parlamentaria, además de una dieta libre de impuestos de 5.400 euros, sin necesidad de justificar gastos. A ello se suman generosos presupuestos de oficina que, según ella, suelen «gastarse a toda prisa» en octubre: iPhones, cafeteras y mobiliario para el teletrabajo. «Lo importante es que la cuenta quede vacía al final. Total, no es su propio dinero.»

La financiación de los partidos y de las fundaciones vinculadas a ellos (697 millones de euros solo en 2023) constituiría otro mecanismo de autoservicio. Cuando la CDU y el SPD perdieron votos, simplemente aumentaron la financiación estatal y luego la legalizaron con efecto retroactivo. ONG como Correctiv o la red Agora recibirían millones de euros para ser presentadas después como «sociedad civil», cuando en realidad el Estado estaría hablando consigo mismo.

El sistema es el problema

Cotar insistió repetidamente: «La persona no es el problema. La estructura sí lo es». Nuevas caras dentro de viejas estructuras no cambian nada. «Los partidos organizados según el modelo tradicional forman parte del problema». Esto también se aplicaría a los nuevos partidos que reproducen las mismas estructuras directivas y organizativas. «Creo que a finales de año propondré personalmente la palabra “junta directiva” como la palabra más absurda del año», dijo al referirse a la evolución del BSW y de otras formaciones.

Cotar exigió reformas radicales

Reducción drástica de la financiación de los partidos, eliminación de los fondos destinados a fundaciones y ONG, mayor transparencia, límites a los mandatos, listas abiertas con acumulación y reparto de votos (listas abiertas que permiten concentrar votos en determinados candidatos o distribuirlos entre varios candidatos), así como una fecha de caducidad para las leyes. Sobre todo, afirmó que se necesita presión desde fuera por parte de ciudadanos informados y valientes capaces de decir «no».

Su mensaje al público fue inequívoco: «La libertad comienza con el no.» Mientras los ciudadanos permanezcan cómodos y no se impliquen, el sistema seguirá funcionando a costa de la democracia, la soberanía y la prosperidad.

La intervención de Joana Cotar es una llamada de atención. El Bundestag no es un parlamento de trabajo al servicio del pueblo, sino una torre de marfil alejada de la realidad donde gobiernan cárteles de partidos. Quien quiera salvar a Alemania debe desmantelar las estructuras, no limitarse a sustituir a las personas. El sistema no puede reformarse desde dentro. La presión debe venir desde fuera.

Author: AI-Translation - АИИ  | 

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