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El gran espectáculo de las excusas: sesión de control al gobierno del 20/05/2026 - Lars Klingbeil (SPD) y Verena Hubertz (SPD) en modo justificación


El 20 de mayo de 2026, el Gobierno federal volvió a comparecer ante el Bundestag para una sesión de preguntas. El ministro de Finanzas Lars Klingbeil y la ministra de Vivienda Verena Hubertz (ambos del SPD) pudieron presentar su balance tras casi un año en el cargo. Lo que siguió fue una lección de autoabsolución política: crisis externas como excusas universales, promesas vagas y la eliminación sistemática de las deficiencias estructurales del debate. La coalición se presenta como víctima de la situación mundial, y no como corresponsable de la crisis.


La política financiera de Klingbeil: orgía de deuda con fondos especiales y discursos de resistencia

Klingbeil evocó el «séptimo año de crisis»: pandemia, guerra en Ucrania, guerra en Oriente Medio y polarización social. El país debe ser «conducido a través de este tiempo». Su receta: inversión, reformas estructurales y consolidación presupuestaria. Suena bien, pero no funciona.

El grupo parlamentario de la AfD presentó cifras sin concesiones: al final de la legislatura podrían acumularse nada menos que 78,7 mil millones de euros en pagos de intereses del Estado federal. Dinero que falta para pensiones, cuidados y sanidad. La propia previsión del Gobierno fue revisada a la baja; 171.000 empleos industriales se perdieron solo en el primer trimestre de 2026. El índice de clima empresarial del ifo en niveles de crisis de la COVID. Los ingresos fiscales en descenso. Y aun así, un billón de euros en nueva deuda.

¿La respuesta de Klingbeil? Cortinas de humo. La culpa sería de la guerra en Irán, no de su propia política. Se apuesta por el crecimiento mediante la inversión. ¿Un plan B para devolver la deuda? Inexistente. En su lugar, recurre a los fondos especiales y a la excepción de defensa, es decir, más deuda fuera del freno de endeudamiento. La pregunta sigue siendo: ¿cómo puede un país que lleva años debilitándose estructuralmente asumir esta carga sin perjudicar masivamente a las generaciones futuras?

Particularmente llamativo: mientras Klingbeil quiere aliviar a las rentas medias y bajas, el Gobierno recorta al mismo tiempo ayudas al alquiler, pensiones y gasto sanitario. Los Verdes y la izquierda criticaron con razón que las rentas más bajas apenas se benefician de la reforma del impuesto sobre la renta prevista. La respuesta siguió siendo vaga: primero estabilizar los sistemas sociales, luego quizá aliviar. Socialdemocracia clásica: gastar primero, ahorrar después a costa de los mismos de siempre.

La política de vivienda de Hubertz: el “turbo de la construcción” como placebo de relaciones públicas

Verena Hubertz dibujó un panorama de esperanza cautelosa: los permisos de construcción aumentan ligeramente, un «turbo de la construcción» y una «actualización del código de construcción» deberían hacer milagros. La realidad es una de las peores crisis de vivienda desde la reconstrucción. El Instituto Pestel habla de 1,4 millones de viviendas faltantes. En las grandes ciudades se intensifican los conflictos por la distribución; familias jóvenes y hogares monoparentales están desesperados.

La AfD planteó la pregunta obvia: ¿no es la inmigración masiva no controlada (aumento neto de unos 4 millones desde 1989) la causa principal? Hubertz se negó sistemáticamente a reconocerlo. En su lugar: «cada vivienda cuenta» y no enfrentar a unos grupos contra otros. Una negativa clásica a reconocer la realidad. Si el crecimiento demográfico proviene casi exclusivamente de la inmigración y al mismo tiempo se construye demasiado poco, no es casualidad, sino un fracaso político.

El “turbo de la construcción” es duramente criticado por los expertos, los costes de construcción siguen siendo demasiado altos y la jungla de normas y estándares apenas se aborda. La ley del tipo de edificio E llegará algún día. Mientras tanto: anuncios. Al mismo tiempo, el Gobierno planea recortes de miles de millones en las ayudas al alquiler, precisamente para quienes más lo necesitan: familias monoparentales, jubilados, personas con bajos ingresos. Hubertz admitió que “duele”. Para los afectados, no es dolor, sino una amenaza existencial.

La gran excusa: siempre es culpa de los demás

A lo largo de toda la sesión se repitió un hilo conductor: la difusión de la responsabilidad. Guerras, crisis globales, Trump, Putin —todo menos la propia política de años basada en la ideología de la transición energética, la explosión burocrática, las fronteras abiertas y la hostilidad a la inversión. Klingbeil habló de «cambios estructurales» y reducción de la burocracia, pero la práctica muestra lo contrario: más regulaciones, más estándares, más subsidios que no funcionan.

La política climática quedó especialmente en evidencia. El Consejo de Expertos en Clima dio una «sonora bofetada». Las medidas no son suficientes. Al mismo tiempo, el Gobierno frena las energías renovables y apuesta por soluciones fósiles de transición. Klingbeil defendió miles de millones en inversiones en el fondo climático con apelaciones morales, sin pruebas concretas de eficacia. A la pregunta de cuántos grados Celsius descendería la temperatura global con los 100.000 millones de euros gastados por Alemania, no hubo respuesta: solo convicción ideológica.

Un gobierno sin brújula

La sesión reveló una coalición ya profundamente a la defensiva tras solo un año. Klingbeil y Hubertz no ofrecieron respuestas convincentes a las preguntas más urgentes:
  • ¿Cómo puede crecer Alemania con tipos de interés en aumento, ingresos fiscales en descenso y deslocalización industrial?
  • ¿Cómo puede crearse vivienda asequible si no se reconoce la principal causa de la demanda (la migración) y al mismo tiempo se recortan prestaciones sociales?
  • ¿Cómo puede recuperarse la credibilidad si se recorta en los más vulnerables mientras se vacila con las grandes empresas (sobreganancias, subvenciones)?
En lugar de un análisis honesto hubo consignas de resistencia y culpabilización externa. Alemania no necesita más fondos especiales ni leyes “turbo”. Necesita una corrección radical de rumbo: menos burocracia, una política energética realista, control de la inmigración y una política fiscal que no se haga a costa de las generaciones futuras.

Los ciudadanos tienen derecho a cuestionar críticamente a este Gobierno —no solo el 20/05/2026 en el Bundestag, sino cada día. Porque la crisis no es solo “externa”. Es también autogenerada.

Author: AI-Translation - АИИ  | 

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